Cuento largo...
“El Apátrida”
-1-
En
aquel día, como lo ha sido en el último tiempo, el polvo y los casquillos vacíos
invadían la calle como la arena invade los malecones de las ciudades costeras.
La vista es pálida y el concreto molido de edificios se convierte en rocío; el
polvo embarra escaldando los pies de los que andan descalzos y de todo aquello
a que se logra trepar. Por el día, la soledad y la basura invadían las calles.
Por la noche la gente se atrevía a vivir un poco más. Siempre que, a escabullirse
entre edificios, y evitar convertirse en objetivos militares de francotiradores
morbosos y friolentos, se le puede
llamar vivir. Entonces que así se le llame: “El atrevimiento de vivir”. Así se configuraba la vida en esos días de la
negra Sarajevo. Oscura y fétida durante el turno de la luz, y con intermitentes
destellos de ternura y sociedad en el turno de la noche. La historia de cada
uno de sus habitantes era un universo en sí mismo. Con tristes y tan novelescos
episodios que parecerían salidos de la fraccionada mente de un demente.
Malik
Zukanović —uno
de tantos prisioneros de la ciudad— se sacudía
los botines recientemente charolados, se prestaba a recibirse como doctor en
derecho de la Universidad de Sarajevo. Estudios que si bien eran meritorios a
toda vista, a él le eran ingratos y poco inspiradores. La idea implícita de
justicia con la que el derecho engatusa a sus víctimas —también
conocidos como estudiantes de leyes— se le
había desvanecido ya en los primeros meses de facultad. Terminar sus estudios
le daba un fresco de liberación pero dentro de su corazón no yacía la
convicción del mérito obtenido, del deber cumplido.
En
tiempos de guerra, él valoraba al día como venía y no por lo que se podría
hacer con él. —Un
nuevo día de vida, otro más de asedio— pensaba depresivamente. Malik era huérfano, no por desgracia natural o mala
jugada del destino, lo era porque así lo habían decidido sus hacedores. Al
menos eso le habían dicho en el orfanato donde también fue prisionero durante
los primeros años. En ese lugar pavoroso concebido para los que no tienen
ascendencia, cualquier mérito de vida o supervivencia no podría ser compartido
ni celebrado con nadie. Estaba solo y la reflexión que siempre le invadía era: —¿A
quién dedico esto?—.
Al parecer no había respuesta aparente. A solamente horas de nacido, su madre lo
abandonaría en el portón de un orfanato. Allí le dieron las atenciones, no las
del alma pero sí las del alimento y del primer cobijo. Sin embargo no guardaba
sentimientos cálidos por ninguno de los sujetos de esas épocas. Los recordaba
por sus actos pero no por sus nombres ni calidades; fueron fantasmas de una ópera
demasiado larga e incomprensible, como esas de lengua germánica que sus espectadores
incultos se limitan a tararear. Lo único que guardaba de esa época, al menos
físicamente, era una suerte de herencia que su madre le había dejado al momento
de abandonarlo. Por alguna razón inexplicable nadie se la había robado, sea por
lo ínfimo de su supuesto valor o por alguna otra mística razón. Solamente
cuando era consciente de su realidad, Malik asemejó los tesoros: una carta y
una pluma de fuente.
—Algún valor tendrán —especulaba aún ignorante en su significado.
—Algún valor tendrán —especulaba aún ignorante en su significado.
La
carta estaba escrita a mano y con tinta verde, en ella se podía ver que la
mujer había llorado, al menos siete lágrimas se habían dejado derramar por el huérfano.
Una cifra sin aparente importancia pero que resonaría en algún evento de su
futuro. Lo importante es que la carta le rogaba perdón e intentaba esbozar una
que otra palabra de sabiduría y cariño. A Malik le tomaría varios años poder familiarizarse
con el significado de esas palabras escritas en una lengua, que en ese tiempo
era desconocida para él. Solamente con el transcurso de los años y las aventuras
podría entender a plenitud: La carta había sido escrita en lengua francesa.
Malik
estuvo siempre medio perdido en la vida del orfanato. Los institutrices
religiosos y las conserjes se habían convertido en su primera familia. Una de esas oscuras de oficio
clerical que le proporcionaba una vida llena de prohibiciones y de adoración a
deidades por él incomprensibles; una vida profundamente tormentosa que un día
le llevaría a escapar. La vida de orfanato religioso es enmarañada donde los cariños clericales a cambio de bondades
—como galletas de jengibre o chocolate caliente— a cualquier hombre áspero le perturbaría
hasta los huesos, no se diga a un pobre huérfano. Malik tenía mucha vergüenza
de ser llamado el preferiti.
Ya
con los botines relucientes —aunque igual
se le empolvarían de nuevo— salió de
su casa y se prestaba ir al encuentro de su destino. Como toda persona que se
juega la vida en Sarajevo, al aventurarse en plena luz del día, no se había
dado cuenta que ya dos años habían pasado desde el inicio del asedio. Pero aquel
día de mayo era diferente, al menos a su entender. Se había puesto un traje de
doble botonadura y los botines empolvados que le había prestado su compañero de
piso, Vasili, aquel que murió en uno de los asedios de hace dos semanas. Todo
el attire le proporcionaba una
elegancia imaginaria que le usurpó una sonrisa. Se sonreía muy poco en ese
tiempo en Sarajevo, Malik especialmente sonreía poco.
—Hoy
finalizaré este pedazo de destino, este pedazo de tiempo y espacio— conmovido se terminó de alistar y tomó rápidamente el camino aparentemente
menos peligroso.
A
Malik el derecho siempre le pareció una ciencia
parca que carecía de color; un oficio lleno de hipocresía, narcisismo y
banalidades. Él no era un sujeto entregado a esos vicios, era sensible,
idealista, pero por sobretodo confundido con el lugar que ocupaba en el mundo;
uno que estuvo marcado por el infortunio y la soledad desde el mismo comienzo. Su
ambición más grande era la de darle un significado a esa triste existencia. Las
letras y los axiomas jurídicos le habían preparado para el mundo profano pero
su corazón vació y desatendido buscaba respuestas a las más esenciales
preguntas de su existencia.
—¿Quién
fue mi madre y por qué me dejó? ¿Quién sería mi padre? ¿Cuál sería mi destino?
Malik,
a pesar de que no conocía a su ascendencia, los amaba y odiaba profundamente.
Todo al mismo tiempo. Era notable que con ayuda de la humilde biblioteca del
orfanato se había enseñado así mismo esa lengua romántica solamente para poder
entender la carta de su madre. Una carta minuciosamente redactada —como una
plegaría de perdón— que junto a la pluma de fuente eran su único tesoro y
recuerdo de tiempos que nunca había vivido.
—Es
difícil a veces amar y odiar a quien no se ha visto jamás; tener estos
sentimientos y no poder expresarlos o poder dirigirlos a sus eternos
destinatarios —reflexionó.
Secándose
las mejillas, húmedas por la falta de respuestas, se dirigió a su examinación
doctoral. Nadie lo acompañaba, aquellos que eran su allegados y compañeros,
todos ya habían muerto. A decir verdad era todo un acto heroico que la
universidad hubiese seguido funcionando a pesar del asedio. Un asedio inhumano,
incoherente y constante que provenía de colinas circundantes, de maquinas
perversas que escupían muerte como volcanes frenéticos. Su escuela había estado
casi totalmente operativa durante la guerra. Si bien la resistencia estaba
integrada por muchos estudiantes, algunos hicieron malabares para permanecer
operativos en las artes y las ciencias. Era la única forma de contrataque moral
y protesta filosófica que no implicaba el arrebatamiento de la vida de terceros.
Sarajevo, hasta hace poco, era un universo andante compuesto por croatas,
serbios (no los chetniks),
cristianos, musulmanes y vaya usted a saber quién más estaba allí entremezclado,
pero todos tolerantes. Por un momento, los prisioneros de esa ciudad compartían
nuevamente una sola nacionalidad: la supervivencia.
Si
todo salía según lo planeado, en algo más que dos horas Malik rendiría sus
respetos al tribunal examinador, se despediría y, como si fuere un domingo por
la mañana al salir de la panadería con barras de baguette recién horneado, saldría con su diploma bajo el brazo. ¡Enhorabuena
lo había logrado! Firmó el acta con su pluma —una forma de compartir el momento
con su madre—, bajó las escalinatas, salió de la facultad, estrechó un par de
manos conocidas y de repente una ojiva en forma de lluvia cayó en la entrada
desmembrando a todo el que se cruzaba. Malik quedó muy mal herido, se había
salvado por las personas a las que había saludado, quienes recibieron la peor
parte y no quedó mucho.
La
fecha era incierta, su cabeza temporalmente no le daba razón de quién era o en
dónde estaba. La enfermera le ordenaba que se tranquilizase, que respire. Malik
claramente no entendía la lengua en que le hablaban, pero sabía que estaba a
salvo. Le zumbaban los oídos.
—¿En
dónde estoy?— gritó antes de desmayarse.
Habían
pasado ya dos semanas desde el ataque que casi le quita la vida. Por una
jugarreta del destino su cuerpo inconsciente llegó a parar en manos de una
célula de la resistencia, la misma a la que pertenecía el finado Vasili. Le
dieron las primeras atenciones e inexplicablemente pasó a un campamento del
UNPROFOR a las afueras de la ciudad, allí le estabilizaron. Diecisiete personas
habían perdido la vida, Malik fue el único sobreviviente. Lo evacuaron a Mostar
y luego de un par de días llegó a Dubrovnik. Desde allí lo escabulleron a Split
y, finalmente, alguna alma virtuosa y mística le hizo cruzar el Adriático para llegar
a San Marino. Manoseado y acicalado por tantos desconocidos, Malik se
recuperaba lentamente. Advertía que estaba en tierras lejanas y no entendía
fácilmente la lengua que allí se hablaba. Tratando de recordar qué había pasado,
un frio helado le subió por la espina y le apretó el pecho. Había perdido todas
las pertenencias que llevaba, entre ellas su pluma y la carta. Lo que Malik ignoraba
era que la pluma de fuente había servido para sacarlo de Bosnia, de alguna
forma le había salvado la vida. Aquel ser que le hizo cruzar el Adriático la
conservaría. ¿Pero quién era esta persona?
-2-
Luego
de haberse recuperado, Malik colaboró brevemente en el refugio. Sin conocer la
lengua italiana, había tenido que ensayar gestos y una que otra palabra. Le
habían advertido que no podía quedarse mucho tiempo, su permanencia no era del
todo legítima. Con un par de camisetas blancas, una cantimplora militar de
aluminio, una mochila de piel y un journal
cosido a mano salió con rumbo desconocido. La primera parada fue en Venecia,
allí trabajó un par de meses cargando bultos en las barcazas hasta que por las
redadas policiales tuvo que huir. Logró reunir un poco de dinero y continuó viajando
por varias semanas. Recorrió esa república extraña y pintoresca que le fue un
tanto áspera ya que al final la gendarmería amablemente
le dirigiría hasta la frontera helvética:
¡Un
problema de documentos! ¡El de no tenerlos!
Terminó
de llegar a Lugano, donde ya más familiar con el idioma y embriagado por la
belleza del entorno, decidió instalarse por un tiempo. Conoció a Tulio
Antonietti, un joven bandolero, con quien intimó rápidamente. Tulio era un
italiano migrado a Suiza, no por voluntad propia sino por problemas con la ley.
Habría querido de alguna forma reencontrarse con la parte paterna de sus
orígenes ya que su padre era suizo pero no le había querido reconocer con su
apellido. Su padre en realidad estaba casado con una señorona de gran familia,
y su madre, una simple mucama, era la amante eternamente enamorada. Como es
común en este tipo de historias, el más débil recibe el golpe de la vida, y su
madre fue descartada por el gran señor. Concebido en pecado e infortunio Tulio se había formado en menesteres oscuros.
Hábil para las barajas y todo lo que implique el ojo y las manos, se hizo
famoso por su lengua ligera que le llevo a tener contactos por toda la región. En su gran
talento, Tulio le consiguió a Malik un trabajo secretarial y de registro en la construcción
de una villa en las afueras de la ciudad. Trabajo que proporcionó los insumos
básicos para no morirse de hambre.
Tulio
y Malik compartieron piso, confidencias y una amistad progresiva que parecía
interminable. El joven italiano habría sido el maestro de vida que Malik nunca
tuvo, le inició en las artes del juego, las apuestas, las cantinas y por su
puesto las mujeres. En el mundo bohemio, las posibilidades que la autoridad se
cruce en tu camino son muy altas y en
más de una oportunidad Malik se había escapado de los brabucones. Es más, en
una ocasión, sino fuera por el hábil Tulio ya habría sido confinado a un
calabozo de indocumentados. Por fortuna Tulio, ágil en cualquier menester, lo
puso en contacto con il grasso Felini,
un malhechor prófugo de Sicilia y que se habría establecido —escondido— en los
Alpes. Él le ayudaría a conseguir unos documentos que legitimaren su estadía.
En
tierras ajenas, normalmente el corazón se vuelve frágil y añora los días
pasados. Malik extrañaba su tierra, sombría y ensangrentada por la guerra pero su
tierra al final: las calles, las librerías, la facultad, los quioscos de
novedades… ¿la vida? Por un momento sonrió recordando los días en que iba al
teatro junto a Vasili, su amigo idealista caído en combate. A veces se sentía
muy culpable que nunca quiso involucrarse en la resistencia y escogió terminar
el camino de las letras. Vasili, hasta el último día, le invitaría a unirse a las
filas. Él escogería las letras…
El
tiempo para despedirse había llegado, Malik sabía que tenía que continuar su
camino. La amistad con Tulio se había consagrado a un punto que él nunca antes
había experimentado. Se había configurado en él un cariño de sangre que
solamente se siente en el seno familiar. Los jóvenes migrantes se habían
convertido en familia, de esa que se escoge y nunca se olvida.
—¿Tienes
todo lo necesario?
—Sí
—respondió Malik con la voz cortada.
—Aprieta
bien esos cojones que nos volveremos a ver.
—Lo sé —y
sus ojos se humedecieron.
—Addio amico mio —Tulio se despedía de Malik con un abrazo tan
fuerte que logró quitarle el aliento por unos segundos.
Los dos jóvenes se decían adiós sin saber que
nunca más se volverían a ver… Tulio moriría poco tiempo después, había estado
enfermo y nadie lo supo. Tal vez ni él mismo.
-3-
Las
terrazas descansaban bañadas por un color dorado que se entremezcla con la
brisa fresca de los Alpes. En sus pies, las aguas del Lac Léman bautizaban los espíritus de quienes tenían la suerte de
en ellas bañarse. Los campesinos se alistan muy temprano para la jornada diaria
ya que el clima no es el único que mejora con el final del invierno y el ocaso
de la primavera, los espíritus e ilusiones de familias enteras dedicadas a la
vinicultura también recobraban pasión y propósito. Todo debía estar listo para los
eventos de temporada, en esos donde se mide el éxito o infortunio del año. Donde
más bocas profanas que paladares críticos se amontonarían en éxtasis para las
degustaciones: les caves ouvertes.
Eventos pintorescos pero crueles donde luego se emitirían sentencias capitales
que decidirían un sin número de cosechas y destinos. Malik había transitado un
largo y empedrado viaje por valles y picos helvéticos, brincando de posada en
posada y de taberna en taberna —pasatiempo
heredado de su finado amico— para temporalmente establecerse en Lausana. Allí le habrían dado empleo en una
de las terrazas de viñedos: “Château Antoinette”, venida a menos en los últimos
años. Por una generosa suma se encargaría de modestas tareas campestres que le
ocuparían todo el día, aunque luego sería ascendido a tareas de naturaleza
administrativa. Recibiría atenciones de abrigo y alimento pero su corazón se entristecería
cada noche al recordar a Sarajevo, su gente y los desarrollos de la
interminable guerra que aún estaba por mostrar su peor cara. Ya lejos estaban
esos sentimientos de melancolía para sí mismo, ahora le preocupaba la gente que
no tuvo su fortuna de salir y, que más adelante, encontraría su final bajo escombros
y tierra. Tierra que en otros lugares —como en el que ahora él se encontraba— procuraban
vida a hermosas uvas.
-4-
El
verano ya había empezado su despliegue, la humedad provocaba que hasta los más ínfimos
seres se sofoquen y busquen desesperados la frescura proporcionada por árboles
y brebajes embriagantes. Todos aman la luz del día pero no todos toleran su
poder sofocador porque no todos los veranos son placenteros en todas las partes
del mundo.
—¿Ahora
en qué piensas?—,
indagando en sus ojos, Marie preguntó.
—En
mi madre y en su carta… a veces creo que puedo recordarla… está llorando y me
abraza. Es casi como si en las noches también me hablara, como si en la
oscuridad me susurrara poemas inentendibles.
—¿Cómo
puedes estar seguro? Eras solamente un bebé… puede que tu pena te aleje de la
realidad. Es comprensible.
—Pues…
no lo sé. Puedo estar volviéndome loco tal vez, perdiendo una cordura que nunca
me perteneció, pero desde que dejé Sarajevo siento que extraño a ese pasado
desconocido… como antes no lo hacía.
—No
pienses más en eso… Mira lo que tenemos ahora… ¿No te das cuenta de lo lindo
que es? Quién diría que entre estas uvas agrias te encontraría.
—Tienes
razón, soy un tonto… —tomó en su brazos a Marie, le levanto su cabello dorado y
la besó. Ese momento de felicidad le recordaba al mismo tiempo los riesgos de
perderlo todo.
—No
digas eso por favor… ¿vamos a nadar?
—Ya
sabes que no sé —avergonzado
respondió.
—Yo
te enseño, dame tu mano…
Delicadamente
la besó y luego sus cuerpos, ya no tan inocentes, se desnudaron y se dirigieron
a las entrañas de ese lago azulado donde sus aguas, bendecidas por la opulencia
del destino, son cálidas y abrazan a cualquiera que ande perdido por el mundo.
Una especie de comunión natural entre los cuerpos y el agua se formaba. Donde el
amalgamiento de los sentimientos con las corrientes intensifican la armonía de esas
parejas libres y desnudas que en ellas nadan. Malik y Marie se hacían uno sólo
y en ese acto profano se iban todas las miserias y desgracias del pasado y
presente. Nada más importaba, el lago era el escenario y ellos interpretaban
esa opera milagrosa —aparentemente sin espectadores—, que con suerte un puñado
de hombres en el mundo experimentarían alguna vez en su vida.
-5-
—Es
inaceptable lo que has hecho. Has ofendido el honor de esta familia…
¿Acaso no
han bastado las maldiciones que en los últimos años nos han arruinado?
¡Egoísta!,
sin ninguna consideración a esta familia, ni a tu futuro, ‘te relacionas’ con el
extranjero que no tiene familia, que no tiene orígenes y, que por lo tanto, no
tiene futuro ¾palabras
hirientes que salieron de una boca embarrada de manteca y vino.
—¡Pero
papá, debes entender… papá! ¡No he hecho nada malo! Nos amamos, eso es todo.
—Esto
es tu culpa Teresa, nunca la educaste bien… reaccionaria como tú, nunca le
impusiste la disciplina debida —La madre de
Marie se limitaba a perder su mirada hacia los viñedos como evitando la
vergüenza y la impotencia de la injusticia y la injuria.
—Por
favor Grégoire ya no más… —trató de
suplicar.
—¡Basta!
No puedes pretender que soy tu prisionera, no lo aceptaré un segundo más —Marie
intervino.
Grégoire le
proporcionaría una bofetada que la lanzaría por el piso y la dejaría
parcialmente inconsciente.
—Insolente
igual que tu madre, no dejaré que mancilles el buen nombre de la familia.
—¡Hija mía¡
—Teresa gritaría y se arrojaría sobre el frágil cuerpo de Marie como
protegiéndola de mayores violencias.
Grégoire
llamaría a su capataz y verdugo de confianza —Anton— y le ordenaría que recoja
las pertenecías de Marie y se la lleve del lugar.
—¡No
esperes a mañana! llévala esta noche mismo y mañana te encargas de lo otro
asunto.
Marie
desapareció…
-6-
Malik
se encontraba en el centro de la ciudad comprando los víveres, estaba a la
expectativa de verse con Marie, le propondría matrimonio y que se escapen hacia
el mediterráneo para que el vino los refresque y la felicidad los embriague. De
camino a casa notó algo extraño, al parecer alguien le seguía, o al menos eso
sentía. Omitió ese instinto primario de supervivencia y despreocupado continuó
su camino. Al doblar la esquina de repente sintió un golpe en la cabeza que lo
dejó parcialmente inconsciente; tenía flashes de que unos hombres intoxicados de
odio lo golpeaban y le insultaban. Repentinamente alguien intervino poniendo
fin a la unilateral pelea. ¡Lo habían salvado! No estaba consciente de lo que
pasaba, simplemente podía verificar la existencia de una voz masculina un tanto
familiar pero desconocida más que nada.
—¡Toma,
bebe un poco de agua! Ahora estas bien, descansa.
Cuando
poco a poco recobraba la visión y el sentido, borrosamente diferenció la figura
humana que le había salvado. Aún un tanto tenebrosa pero bendita a la vez.
—Come esto,
te sentará bien y podrás recuperarte más rápido. Ahora no pienses en nada, duerme
—la extraña voz le ordenó cariñosamente.
—¿Quién
eres? —tratando de reincorporarse inquirió.
—Hazme
caso y descansa…
Malik
quiso insistir pero aquello que le había dado de comer le provocó un sueño
profundo y, entonces, perdería el conocimiento nuevamente.
Cuando
se despertó Malik se sentía aún un poco aturdido pero físicamente su cuerpo se
había recuperado mágicamente de todos los golpes recibidos.
—¿Dónde
estoy?
—No
tiene importancia eso. Lo importante es que ahora te sientes mejor para las
noticias que tengo que darte.
Un silencio perpetuo invadió
la habitación por unos cuantos incómodos segundos.
—¡Marie!
¿Qué pasó con ella? —preguntó mientras se espantaba del ambiente turbio y
amarillento de la habitación en la que estaba.
—No está
más en la ciudad, se la llevaron. Yo sé donde está, en un par de horas sale el
último tren para Ginebra, allá la tienen. Te ayudaremos a encontrarla.
—¿Quiénes
la tienen, de qué me estas hablando?
—Grégoire
es el autor de esto, pero no me pidas más información ahora. Apúrate que debes
ir por ella. Anda a Ginebra y dirígete a Rue
des Eaux Vives, busca la única talabartería que hay allí y pregunta por Louis,
él te ayudará. Te está esperando.
—¿Qué pasó
con Marie? —ya menos confundido y más impaciente preguntó.
—A Marie la
tienen retenida, la quieren sacrificar. En cualquier momento la desaparecen. Se
enteraron de lo de ustedes… pero como te dije ahora no preguntes más. Te dejo
algo de dinero y los billetes de tren sobre la mesa. No pierdas tiempo, ahora
tengo que hacer algo, pero estaré cerca…
El
extraño sujeto saldría sin más explicaciones y se esfumaría en la estela de la
noche, negando cualquier posibilidad de cuestionamiento o inclusive de
agradecimiento.
Malik
se incorporó tratando de asimilar lo ocurrido y a pesar de lo que el extraño
sujeto le había recomendado, decidió ir cerca del Château y buscar a Marie. Se
escabulló desde el lago subiendo por entre las terrazas, al llegar a un punto
con algo de visibilidad solamente vio una discusión casi unilateral entre los
padres de Marie. Entró a escondidas a la casa y constató que Marie no estaba
más allí. Un vacío profundo le invadió el estomago, todos sus miedos y
maldiciones se habían reducido a una: perder a Marie. Recogió un pañuelo que
había sido dejado en el piso y se lo guardó como recuerdo de su amada.
-7-
Apenas
el tren llegó a la Gare Cornavin,
Malik salió desesperado y a pesar de que ya había estado varias veces en
Ginebra, esa noche se sentía completamente perdido. Las calles estaban
desoladas en la madrugada y titubeante empezó a correr en descenso hasta llegar
al Pont du Mont Blanc, allí recuperó
el aliento y por un segundo se enfrentó a una realidad antes ya vivida: la
soledad. No era una soledad común y cualquiera, aquella que invade a bohemios
caminantes de la madrugada, sino que era esa soledad de vida que ya le había
acompañado desde sus primeros días y que poco a poco se iría desvaneciendo en
los brazos de Marie.
—Me
han sido privados los cariños del hombre y la protección del hogar, y no me he
quejado. Quién quiera que estuviere allí silenciosamente presenciando mi
desgracia ¡por favor dadme la fuerza para continuar, no la puedo perder!
Recordó
entonces una plegaría militar que su amico
Tulio se la había enseñado en alguna de esas tantas confidencias del alma
en que la guerra y la vida eran el tema central…
“Dadme mi Dios, lo que te resta
Dadme lo que jamás nadie te pide
Yo no te pido el descanso, ni la tranquilidad
Ni del alma, ni del cuerpo
Yo no te pido la riqueza, ni el éxito
Ni siquiera la salud
Todo eso te piden tanto, Señor, que ya no debes
tener más
Dadme mi Dios, lo que te resta
Dadme lo que la gente rechaza
Yo quiero la inseguridad y la preocupación
Yo quiero la tormenta y la fatiga
Y que tu me las des, mi Dios, definitivamente
Que yo este seguro de siempre tenerlas
Porque no siempre tendría el coraje de pedírtelas
Dadme mi Dios lo que te resta
Dadme lo que los demás no quieren
Pero dadme también el coraje
Y la fuerza y la fe.”
Sin
ser creyente ni fundamentalista —porque
conocía que aquel Dios de oriente u occidente era más bien un ente ausente— repasó esas líneas una y otra vez hasta encontrar la fuerza y la fe requerida.
Se ajustó la mochila y corrió delirante hacia la dirección indicada. En medio
camino la ayuda llegaría…
—Monsieur… Monsieur… regarde-moi —una
sombra llamó su atención.
Louis
—más impaciente— esperaba a Malik, que venía con varias horas de retraso. Le
entregaría el plano de una construcción subterránea —en
la que aparentemente Marie estaría retenida—, y le diría que no se preocupe, que allí le
ayudarían.
—Ne t'inquiète pas… Ils étaient toujours là…
Malík
debía dirigirse en dirección a la Cathédrale
Saint-Pierre a unas cuantas cuadras de allí. Louis le advirtió que le
estarían esperando y, por lo tanto, debía ser cuidadoso. La desesperación era
más grande que la sorpresa de la situación, todo pasaba absurdamente rápido y
sin ningún sentido. Su amor con Marie y su desaparición; el encuentro de ese hombre
extraño que lo había salvado; la presencia de Louis; nada de eso tenía alguna
estructura lógica. Pero al mismo tiempo nada de eso ya importaba, no se
imaginaba una vida sin Marie, la mujer que lo había salvado. Mientras corría por
Rue du Rhône hacía la catedral,
recordaba como se habían conocido el primer día que llegó al viñedo, ella lo miraría
con recelo y curiosidad; y, él la miraría como la primera vez que uno se
encuentra a un ángel. Ese día sin decirse nada habrían cerrado un pacto para
toda la eternidad, un pacto de sangre que no necesitó ser derramada para ser
sellado. No lo entendería. En siete días se habrían enamorado por completo, con
una intimidad y confidencia jamás antes experimentada por los hombres de
nuestro tiempo. Ella fue todo lo que él había esperado en su vida.
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Marie
habría crecido en un ambiente conflictivo en el que obedecer y callar era el
común denominador. Teresa, su madre, era hija de una familia de abolengo, célebre
en La Côte por su tradición vinícola.
De fortuna y comodidad bien habidas, pero en constante crisis por los
desafortunados negocios de su padre. A su mediana edad, Teresa, tuvo la
infelicidad de que Grégoire se le cruzara por su vida y a diferencia de la
familia de Teresa, la de él no tenía un distinguido origen pero sí poseía un
aparente poder económico consolidado por el comercio marítimo en Amberes. Ambas
familias habían empezado hacer negocios y un forzado parentesco entre ellas
habría sido más que conveniente. Teresa cayó en los embelesos de Grégoire y
quedó embarazada, el casamiento fue inevitable y así sus destinos y fortunas quedarían
enlazados. Entonces Grégoire se convertiría oficialmente en el titular de sus tormentos,
el que dejaría sus marcas sangrantes hasta en la vida misma de su primogénita.
Es
parte del derecho natural la noción de que la descendencia de un hombre y una
mujer es un acto del destino y el amor. Un evento protegido por la divinidad de
la perpetuidad del nombre y de la existencia misma de la humanidad. Sin
embargo, en el caso de Marie, ella nunca fue vista con ojos de cariño. Grégoire
siempre la vería como un impedimento para sus planes y como una desventurada
consecuencia de un movimiento de ajedrez para hacerse de la Château Antoinette
y sus embriagantes bondades. Una vez vencidas las nupcias, Teresa no sería más
que un adorno destinado a apolillarse en la gran casona. Al parecer todo era
parte de un plan maestro para recuperar la fortuna de la familia de Grégoire y
de pagar sus deudas místicas y monetarias. Todo el circulo alrededor de la vida
del caudillo familiar estaría impregnado de un aire de misterio y maldad.
Algunos de sus más cercanos colaboradores —víctimas
también— sentían en él un aura siniestra y hasta a veces diabólica. Reuniones secretas a
altas horas de la madrugada, amuletos y reliquias costosas hacían a cualquiera
sospechar sobre la sanidad mental de Grégoire.
-9-
Todo
parecía indicar que los exabruptos de Grégoire serían ilógicamente
influenciados por la novísima relación sentimental de Marie con el pobre de
Malik y esto habría sido el detonante de su forzada desaparición. Sin embargo,
para Teresa, tan repentino ataque de celos no tenía razón de ser. Ella y la
misma Marie eran conscientes que cualquier sentimiento de Grégoire no les
pertenecía y, por lo tanto, cualquier exceso de machismo protector era ajeno a
su normal proceder. Grégoire tenía conocimiento del romance ya por varios
meses. Su fiel y único acolito de fechorías —Anton— sería quien informara diariamente los avances de la relación. Era muy curioso
entonces que a sabiendas de la prohibida relación, Malik sería trasladado de la
cosecha a las tareas administrativas y clericales. Todo esto facilitaría la
consumación del amor de los dos jóvenes, ya que Marie trabajaba en la
administración del Château todas las tardes.
Perdidos los pocos escrúpulos y las formas
que le quedaban, Grégoire había decidido tomar medidas para supuestamente
disciplinar a la joven muchacha y, con ello, neutralizar cualquier germen de amor
en la pareja. Teresa, en cambio, sabría que su esposo no era un ser malvado común
y corriente, su actuar no surgiría de un machismo simple y vulgar, sino que
algo habría de estar oculto. Grégoire gozaba de una maldad innata empleada
siempre de la manera más superficial posible para el cumplimiento de sus
objetivos. Todos quienes le conocían podían percibir algo secular y meticuloso
en su actuar. Todo el tiempo siguiendo rituales y aislado en los confines de su
despacho, al que nadie estaba autorizado a entrar. La suma de todas estas
extravagancias serían las verdaderas causas del declive del Château. Para cumplir
su aparente cometido recurrió a la ayuda de una antigua congregación que en sus
años de juventud le había servido para ganar influencia y contactos a lo largo
de Europa. La secta estaría conformada por un grupo de supersticiosos y
morbosos industriales que no eran más que el centro de coordinación de operaciones
clandestinas. La secta estaría cargada de un alto nivel de ritualidad y
misticismo que les había llevado incluso a cometer crímenes atroces.
Grégoire
venía no solo de enfrentar las dificultades económicas del Château sino que su
relación con la secta pendía de un hilo, ya que lo tenía al margen de sus
operaciones más relevantes. Incluso habrían llegado al extremo de prescindir de
su colaboración en la “Teñida del Megaterio”: Un ritual esotérico de gran
importancia dentro de la secta. Ritual en el que además de la satisfacción de
los placeres del cuerpo y del alma, se realizaban sacrificios y ofrendas a una
deidad desconocida pero adorada por todos sus miembros. Pocos desgraciados que
habían podido indagar en los misterios de la secta habrían dado fe que aquella
deidad no se limitaba al bien o al mal, el cielo o el infierno, sino que se
adaptaba a los intereses de sus miembros. Para fortuna de la secta, nadie
creería en su existencia y mucho menos las fechorías que en ella se cometerían.
La teñida habría ya cobrado varias
vidas cada vez que era celebrada. En una ocasión habían tomado la vida de dos
jóvenes mellizos provenientes de una de las familias más influyentes de una
región vecina, el crimen nunca se investigó y se lo había considerado como un
simple accidente. La “Teñida del Megaterio” de aquel año estaría muy cerca y Grégoire
buscaría reivindicarse con la antigua congregación.
Solamente
un puñado de personas andarían tras los pasos de la secta. Un grupo que conocía
su modus operandi y que había luchado
contra sus injusticias por décadas.
-10-
Malik
alcanzó el Rue de la Fontaine y
subiendo por las escaleras empinadas llegó a la terraza contigua de la
catedral, allí el hombre misterioso que lo salvó horas antes le estaría
esperando.
—Al
fin has llegado…
—Sí,
me tenía que cerciorar que lo que me decías es cierto.
—Está
bien, ya pensaba que así lo harías. Vamos, la noche es larga y los horrores no
se harán esperar. Te explicaré todo…
Guiados
por los planos que Louis le había entregado a Malik, se dirigieron a una de las
casas entre la terraza y la catedral. Nadie vivía allí y parecía que la casa
había permanecido en ese estado ya por varios años. En su interior habría pocos
muebles viejos cubiertos con mantos blancos, en el fondo habría una mesa de
mármol ubicada estratégicamente para ocultar una puerta subterránea. El extraño
hombre ayudó a Malik a abrir la puerta y con poca iluminación se sumergieron en
las fauces de la casa lo que les dirigiría a una serie de pasajes secretos.
—Malik
debes saber que siempre hemos estado allí. Nunca nos fuimos de tu lado.
—No sabes
lo irritante que es escuchar eso toda la noche.
—Lo sé pero
déjame explicarte. Digamos que mi ayuda fue fundamental para tu evacuación de
Sarajevo.
—¿De
qué estás hablando? —con agresividad Malik le detuvo e increpó.
—¡Escúchame
bien! Tus padres nunca te abandonaron por voluntad propia. No tuvieron otra
opción para salvarte. Hemos sido perseguidos ya por varias generaciones. Tu
madre era mi pequeña hermana y en ti veo todas las virtudes que en ella se
cultivaron. La última vez que los vi me hicieron prometer que te protegería y
así lo haré hasta el último de mis días… debes entenderlo…
La
conversación se había tornado pesada e inentendible. Malik tenía tanto en su
cabeza que cada palabra que salía de la boca del extraño hombre lo sumergía en
un estado de desesperación. Por la profundidad de las revelaciones parecía que
la conversación duró semanas o inclusive meses. Malik se enteraría que aquel
extraño era su tío —Ajax— hermano de su madre —Sofia— y el mejor amigo de su padre
—Matisse—. Sus dos padres habían pertenecido a una organización de
intelectuales y filósofos que había sido perseguida y casi aniquilada en su
totalidad. Todos sus miembros y su respectiva descendencia habían sido
asesinados por la secta. Esa había sido la razón de que Malik fue entregado a
un orfanato: para salvarlo. Semanas después, sus padres habrían sido casados y sacrificados,
sus cuerpos serían desmembrados y sus restos repartidos como escarmiento. Ajax
estaba convencido de que la secta y, de alguna forma, Grégoire eran los
responsable no solo de esas sino de otras muertes más.
—Esto que
me dices no tiene ningún sentido… no sé que decir…
—Ahora no
tienes que decir nada. Tenemos que salvar a Marie. ¡Mirá! Estamos cerca ¿ves la
luz?
-11-
Grégoire
había ofrecido a su propia hija en sacrificio para la satisfacción de la secta,
sin que esta tuviere conocimiento de la identidad de Marie. La Teñida del
Megaterio sería la ocasión perfecta para reivindicarse con la malévola
organización. Anton había dejado a Marie —quien estaba sedada— en una sala secreta ubicada muy profundo
debajo de la catedral. Allí otro acólito la recibiría y la desnudaría
preparándola para el ritual. La ubicaron en medio de un salón de forma ovalada
con un piso de mármol de color negro y blanco formando una especie de tablero
de ajedrez, cada dos metros había una estatua de una alguna bestia mitológica,
detrás de ellas los miembros de la secta se sentarían en sillas de madera
alargadas talladas a mano como si fueran pilares de horror y odio. Los miembros
más antiguos se sentarían en las primeras filas, mientras que los jóvenes
miembros ocuparían las sillas en los pisos superiores. Todos los miembros
llevarían puesto una túnica y capucha de color bourgeois y un cinturón de piel negra con chapa tipo militar
dorada. Solamente los miembros jerárquicamente superiores llevarían un cordón
tricolor en el pecho y charreteras doradas en cada brazo. Ninguno de los
rostros de esos seres oscuros podía ser visto a simple vista. Se los podía
diferenciar únicamente a través de las jorobas y de otras deformaciones que por
la edad —o quién sabe por qué— algunos tenían. Marie yacía desnuda en el medio
del salón aún drogada vendada de ojos y bañada en aceites aromáticos, Grégoire
estaba sin túnica sentado a su lado derecho. Quería exhibir su pervertida
lealtad y devoción a la secta. Él mismo sería el verdugo de su hija.
-12-
Malik
y Ajax habían ingresado a la catedral por un pasaje antiguo y secreto. Al
acercarse a una de la puertas de acceso al salón ovalado encontrarían un bolso
con armas —obra de Louis— que les serviría para liberar a Marie y por qué no
saldar algunas cuentas. Cuando se proponían ingresar por detrás del salón Anton
los sorprendió colérico abalanzándose en contra de Ajax —los había estado
esperando todo este tiempo— y le apuñaló en el pecho. Su muerte sería
inminente. Malik trató de defenderlo pero la sorpresa fue más. Saciado con la
sangre de uno, Anton atacó a Malik, le apuñaló en el muslo mientras los dos
forcejeaban. Parecía que no quedaban opciones cuando de repente se oyó un
disparo —el estruendo habría advertido a los miembros de la secta—, Ajax había
alcanzado a recuperar un ápice de su fuerza y voluntad para salvar a Malik. Anton
se desvanecería poco a poco hasta quedar inerte en el suelo. Un profundo
silencio continuó la escena.
Malik
recibiría una mirada cargada de cariño por parte de Ajax, se tomarían de las
manos, ya no más como extraños sino como familia. Ajax le daría un puñado de
consejos para lo que se venía.
—Aguanta un
poco más, déjame ir por ayuda —suplicó sollozando Malik.
—No, no hay
tiempo. Toma el revolver y utilízalo con quien sea necesario, no hay nadie en
quien confiar en este lugar. No te olvides que siempre estuvimos para ti, tus
padres te acompañan y ahora yo también lo haré.
Durante
las fracciones de segundo —que parecieron horas cargadas de sabiduría— en que
aconsejaba a Malik, Ajax recordaba cuando lo vio por primera vez en los brazos
de su hermana, era solamente un bebé. Sofia y Matisse estaban huyendo ya por
varios meses y cada vez que la secta los encontraba parecía que esa iba a ser
la última. Ajax también estaba huyendo y no podía hacerse cargo de Malik. La
situación era insostenible. Cuando se escondían en Sarajevo, les habían dicho
que el orfanato del Distrito No.4 de sería la mejor opción para entregar al
niño y así lo decidieron. Ajax recordó exactamente el día y las circunstancias,
lo desolada y triste que Sofía lucía, tenía completamente roto el corazón
cuando dejó al niño en el cobertizo del orfanato.
Antes
de su último suspiro, Ajax le entregó la pluma de fuente y el poema a Malik. Él
los había conservado cuando le evacuó fuera de esa zona infernal en que se
había convertido Bosnia. Ahora debían nuevamente retornar a su dueño natural.
—No quiero
que te vayas, aún hay tanto que desconozco… tanto que no entiendo de todo esto.
—Tranquilo
muchacho, solo has llegado tan lejos, ni la supervisión ni mi invisible
cercanía te han desviado de tu propio destino. Fui orgullosamente un
espectador de tus victorias y derrotas.
Siempre estuve a tu lado…
¡Perdóname
por no haberte hablado antes!
¡Perdóname
por favor!
Ve al
encuentro de tu destino. ¡Ve por Marie!
En
contra de todos sus sentimientos y de la naturaleza humana, Ajax habría
mantenido una distancia fulminante pero necesaria. Habría solamente intervenido
cuando fuere necesario. Esa era la consigna y la forma más eficaz de evitar que
la secta lo alcance con sus tentáculos. Ajax estuvo allí cuando de niño enfermó
de ese virus grave y desconocido que el orfanato no no podía tratar… estuvo
allí cuando había caído al río y se estaba ahogando, nadie lo habría socorrido…
estuvo allí cuando fue evacuado de la guerra… Y ahora, en cambió él, allí
yacía, cubierto de su sangre con el honor del deber cumplido, con el recuerdo
de Sofía y Matisse…
Sin
saber con claridad los pasos a seguir, Malik dejó a su tío, lo cubrió con su
chaqueta y le limpió su boca ensangrentada con el pañuelo de Marie. Allí lo
dejaría manchado de muerte. Tomó la bolsa con el revolver y se dirigió a la
entrada. Ya del otro lado, el caos y los murmullos habían empezado. Los miembros
de la secta, en mitad del ritual, estaban abandonando el salón ovalado. Malik
disparó varias veces al tumbado para advertirles de su presencia. Hubo de los
miembros más nuevos y vehementes quienes quisieron ofrecer oposición pero Malik
no tendría piedad y uno a uno dispararía a quién se le cruzare; tomó la vida de
algunos.
Al
bajar las escaleras y llegar al centro del salón había divisado la posición
desafiante de Grégoire quien lo esperaba junto al cuerpo de Marie.
—Maldecido
seas tú y tu clase —iracundo escupió esas palabras.
—Déjame
llevarla… no nos verás nunca más. ¡Es tu hija!
—Nadie
saldrá de aquí, al menos no vivo…
Repentinamente
se escuchó un estruendo muy fuerte que estremeció los cimientos del mismo
recinto secular. Había sido un disparo… Grégoire cayó abatido… varios hombres
entraron al salón. Louis había ingresado a la catedral por la puerta que daba
al mirador, venía acompañado de sus acólitos y, a pesar de su papel neutral en
estos menesteres, —a pedido de Ajax— prometió intervenir en favor de Malik si
fuere necesario. Louis no era partidario ni de la secta ni de las
organizaciones que la combatían. El cumplía un papel neutral en la batalla
entre el oscurantismo y la razón. Era un facilitador, un intermediario que sin
embargo había sido tibio ya por mucho tiempo y estaba cansado de no tomar
partido, era una especie de Suiza en la repartición del mundo —¡qué irónico!—.
—¡C’est bon mon garçon… J’espere que tu es
prêt… Sors de là… allez allez!
Louis
y su gente cubrirían la salida. Malik la tomo entre sus brazos, la sintió un
tanto inerte y fría, los efectos del sedante eran muy fuerte. Verificó si aún
tenía vida. La cubrió con una de las túnicas que estaban en el suelo y,
limitado por su herida en el muslo, avanzó torpemente hasta una de las
entradas. La gente de la secta no se
quedaría tranquila con lo sucedido, habiendo evacuado sus miembros organizarían
el contrataque. Su lugar secreto había sido descubierto y uno de sus más
importantes miembros abatido, lo que no era un dato menor. Malik y Marie seguían
en peligro. Louis había conseguido asegurar algunas de las entradas y salidas
de la catedral. Tenían nada más que un par de minutos para salir antes que la
policía —bajo control de la secta— llegué y los desaparezca como ya lo habían
hecho en ocasiones anteriores, especialmente en el caso de lo mellizos. La
secta tiene dentro de sus filas a gente muy influyente y poderosa; hasta el presente
día permanece como una de las organizaciones más secretas y herméticas del
mundo. Masones y Rosacruces son un juego de niños ricos a su lado.
-13-
Con
ayuda de Louis, los jóvenes enamorados lograron escapar de la catedral, pero la
persecución sería sangrienta. La policía junto a la gente de la secta estaba
completamente movilizada. Para la opinión pública —que a veces es privada—
Malik era un simple migrante que habría secuestrado a Marie luego de haber
asesinado a sus padres —Teresa fue encontrada sin vida—, el complot era
perfecto. Los titulares pintaban que era el crimen del año: “Migrante ataca a
familia que le dio acogida” La morbosidad popular se satisfacía con el titular.
Marie
había recobrado la conciencia y tardó en comprender lo que había pasado. La
gente de Louis hábilmente les había dirigido a una casona cerca del Mont Saleve y desde allí tendrían una extraordinaria vista de Ginebra y de su
lago. Recordarían esos momentos, pocos pero significativos, en que a sus
orillas disfrutarían de la vida… del vino y de la unión de sus cuerpos… tiempos
que quedarían atrás… Se confesarían amor eterno.
Marie
cayó rendida en el mundo de los sueños, estaba exhausta. Malik la miró por
última vez. La besó en esos labios rojos e hinchados que tanto deseaba, la
admiró en toda su grandeza y fragilidad. La amaba demasiado y, por esa misma
razón, sabía que debía dejarla. Era inevitable. Con el escalamiento de la
situación, era muy difícil que puedan estar juntos. Los tentáculos de la secta
eran muy gruesos y escurridizos. No tardarían en encontrarlos y, sin la
experiencia de Ajax ni el apoyo de Louis, sería para él imposible afrontar exitosamente
dicha batalla. La decisión había sido tomada. Malik habló con Louis y le
informó, este mostró su aquiescencia con la idea. Si él se marchaba solo tal
vez tendrían alguna oportunidad de sobrevivir, especialmente Marie.
Malik
tomó lo poco que poseía y salió de la casona. Sin mirar atrás donde dejaba su
corazón, las lágrimas le bañaban las mejillas, el corazón se le apretaba como
si la mano de Marie estaría reteniéndolo. Una vez más se configuraba ese sentimiento
de desolación. Hace algún tiempo que ya había entendido que no pertenecía a
ningún lugar en este mundo. Primero había sido evacuado de su país que se
estaba desangrando por la guerra; luego había sido expulsado de aquel país que
le habría recibido como refugiado; y, ahora, que finalmente había encontrado
una patria donde la amistad y el amor le abrazaron, otra vez tenía que
marcharse. Finalmente, Malik había entendido que asignarle a una pedazo de geografía
el calificativo de “patria” es una estupidez de pseudo-intelectuales, los
mismos que ahora estaban despedazando eso que antes se llamaba Yugoslavia y,
que luego, despedazaría otras naciones bajo la misma vieja idea de nacionalismo.
Patria es un concepto que explica ese mágico lugar donde el corazón está
cómodo, donde uno se deja caer en las profundidades del sueño sin el terror del
próximo día. Patria es donde el perro hambriento sacude la cola al ver a su amo,
donde el pájaro trina en medio de la lluvia, donde las mariposas se dejan caer
por última vez para el descanso eterno.
Malik
era un hombre sin tierra ni raíces, sin pasado ni presente y, posiblemente, sin
futuro. A pesar de que sus sentimientos eran auténticos, sus credenciales eran
falsas para este mundo. Solamente en Marie, entre sus brazos, entre sus piernas
y pechos, él habría encontrado su patria. Su origen y destino. Patria que
nuevamente debía dejar para partir con rumbo desconocido…
Nadie nunca más supo del paradero de Malik,
algunos seres profanos que llegaron a conocer su historia cuentan que se perdió
entre las aguas del Lac Léman, que
inmediatamente de haber escogido un destino sin Marie, la desolación y la pena
le llevaron a sumergirse en sus aguas para nunca más salir de ellas. Otros, por
un lado dicen, que regreso a Sarajevo y que se unió a la resistencia donde
habría caído abatido en alguno de tantos asedios. Otros, en cambio dicen, que
sigue vivo… que está presente y fuertemente combativo contra esa fracción
podrida de la sociedad llamada: la secta.
Nadie
tenía certeza…
-14-
El
sol y la briza bañaban delicadamente —como en cada verano— las terrazas a
orillas del lago. En verano, la vida no solamente florece en plantas y animales,
sino que las personas también salen de ese letargo típico de invierno. La gente
disfruta de manjares y exquisitos brebajes; sumergen sus pies en las aguas como
alivio de largas caminatas. La música invade el ambiente. Todo parece brillar
nuevamente.
—Mamá ven…
mamá, mamá…
—Cariño
¿qué sucede?
—¡Mira lo
que encontré! ¡Qué bonito y brillante! ¿Qué es?
Marie
se quedaría atónita y casi perdería la razón de la emoción y nostalgia. Todo al
mismo tiempo. Se levantaría inmediatamente y miraría en todas direcciones como
si estuviera buscando a alguien. Nadie estaba presente…
—Corazón
esto es una pluma de fuente… sirve para escribir lindos poemas.
—¿Pero yo
no se escribir? —sollozó el pequeño niño.
—Yo te
enseño, dame tu mano…
***



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