Cuento largo...

“El Apátrida”

-1-

En aquel día, como lo ha sido en el último tiempo, el polvo y los casquillos vacíos invadían la calle como la arena invade los malecones de las ciudades costeras. La vista es pálida y el concreto molido de edificios se convierte en rocío; el polvo embarra escaldando los pies de los que andan descalzos y de todo aquello a que se logra trepar. Por el día, la soledad y la basura invadían las calles. Por la noche la gente se atrevía a vivir un poco más. Siempre que, a escabullirse entre edificios, y evitar convertirse en objetivos militares de francotiradores morbosos y friolentos,  se le puede llamar vivir. Entonces que así se le llame: “El atrevimiento de vivir”.  Así se configuraba la vida en esos días de la negra Sarajevo. Oscura y fétida durante el turno de la luz, y con intermitentes destellos de ternura y sociedad en el turno de la noche. La historia de cada uno de sus habitantes era un universo en sí mismo. Con tristes y tan novelescos episodios que parecerían salidos de la fraccionada mente de un demente.
Malik Zukanović uno de tantos prisioneros de la ciudad se sacudía los botines recientemente charolados, se prestaba a recibirse como doctor en derecho de la Universidad de Sarajevo. Estudios que si bien eran meritorios a toda vista, a él le eran ingratos y poco inspiradores. La idea implícita de justicia con la que el derecho engatusa a sus víctimas también conocidos como estudiantes de leyes se le había desvanecido ya en los primeros meses de facultad. Terminar sus estudios le daba un fresco de liberación pero dentro de su corazón no yacía la convicción del mérito obtenido, del deber cumplido.
En tiempos de guerra, él valoraba al día como venía y no por lo que se podría hacer con él. Un nuevo día de vida, otro más de asedio pensaba depresivamente. Malik era huérfano, no por desgracia natural o mala jugada del destino, lo era porque así lo habían decidido sus hacedores. Al menos eso le habían dicho en el orfanato donde también fue prisionero durante los primeros años. En ese lugar pavoroso concebido para los que no tienen ascendencia, cualquier mérito de vida o supervivencia no podría ser compartido ni celebrado con nadie. Estaba solo y la reflexión que siempre le invadía era: ¿A quién dedico esto?. Al parecer no había respuesta aparente. A solamente horas de nacido, su madre lo abandonaría en el portón de un orfanato. Allí le dieron las atenciones, no las del alma pero sí las del alimento y del primer cobijo. Sin embargo no guardaba sentimientos cálidos por ninguno de los sujetos de esas épocas. Los recordaba por sus actos pero no por sus nombres ni calidades; fueron fantasmas de una ópera demasiado larga e incomprensible, como esas de lengua germánica que sus espectadores incultos se limitan a tararear. Lo único que guardaba de esa época, al menos físicamente, era una suerte de herencia que su madre le había dejado al momento de abandonarlo. Por alguna razón inexplicable nadie se la había robado, sea por lo ínfimo de su supuesto valor o por alguna otra mística razón. Solamente cuando era consciente de su realidad, Malik asemejó los tesoros: una carta y una pluma de fuente.
Algún valor tendrán especulaba aún ignorante en su significado.
La carta estaba escrita a mano y con tinta verde, en ella se podía ver que la mujer había llorado, al menos siete lágrimas se habían dejado derramar por el huérfano. Una cifra sin aparente importancia pero que resonaría en algún evento de su futuro. Lo importante es que la carta le rogaba perdón e intentaba esbozar una que otra palabra de sabiduría y cariño. A Malik le tomaría varios años poder familiarizarse con el significado de esas palabras escritas en una lengua, que en ese tiempo era desconocida para él. Solamente con el transcurso de los años y las aventuras podría entender a plenitud: La carta había sido escrita en lengua francesa.   
Malik estuvo siempre medio perdido en la vida del orfanato. Los institutrices religiosos y las conserjes se habían convertido en su primera familia. Una de esas oscuras de oficio clerical que le proporcionaba una vida llena de prohibiciones y de adoración a deidades por él incomprensibles; una vida profundamente tormentosa que un día le llevaría a escapar. La vida de orfanato religioso es enmarañada donde los cariños clericales a cambio de bondades —como galletas de jengibre o chocolate caliente— a cualquier hombre áspero le perturbaría hasta los huesos, no se diga a un pobre huérfano. Malik tenía mucha vergüenza de ser llamado el preferiti.
Ya con los botines relucientes aunque igual se le empolvarían de nuevo salió de su casa y se prestaba ir al encuentro de su destino. Como toda persona que se juega la vida en Sarajevo, al aventurarse en plena luz del día, no se había dado cuenta que ya dos años habían pasado desde el inicio del asedio. Pero aquel día de mayo era diferente, al menos a su entender. Se había puesto un traje de doble botonadura y los botines empolvados que le había prestado su compañero de piso, Vasili, aquel que murió en uno de los asedios de hace dos semanas. Todo el attire le proporcionaba una elegancia imaginaria que le usurpó una sonrisa. Se sonreía muy poco en ese tiempo en Sarajevo, Malik especialmente sonreía poco.
Hoy finalizaré este pedazo de destino, este pedazo de tiempo y espacio conmovido se terminó de alistar y tomó rápidamente el camino aparentemente menos peligroso.
A Malik el derecho siempre le pareció una ciencia parca que carecía de color; un oficio lleno de hipocresía, narcisismo y banalidades. Él no era un sujeto entregado a esos vicios, era sensible, idealista, pero por sobretodo confundido con el lugar que ocupaba en el mundo; uno que estuvo marcado por el infortunio y la soledad desde el mismo comienzo. Su ambición más grande era la de darle un significado a esa triste existencia. Las letras y los axiomas jurídicos le habían preparado para el mundo profano pero su corazón vació y desatendido buscaba respuestas a las más esenciales preguntas de su existencia.
¿Quién fue mi madre y por qué me dejó? ¿Quién sería mi padre? ¿Cuál sería mi destino?
Malik, a pesar de que no conocía a su ascendencia, los amaba y odiaba profundamente. Todo al mismo tiempo. Era notable que con ayuda de la humilde biblioteca del orfanato se había enseñado así mismo esa lengua romántica solamente para poder entender la carta de su madre. Una carta minuciosamente redactada —como una plegaría de perdón— que junto a la pluma de fuente eran su único tesoro y recuerdo de tiempos que nunca había vivido.
Es difícil a veces amar y odiar a quien no se ha visto jamás; tener estos sentimientos y no poder expresarlos o poder dirigirlos a sus eternos destinatarios  reflexionó.
Secándose las mejillas, húmedas por la falta de respuestas, se dirigió a su examinación doctoral. Nadie lo acompañaba, aquellos que eran su allegados y compañeros, todos ya habían muerto. A decir verdad era todo un acto heroico que la universidad hubiese seguido funcionando a pesar del asedio. Un asedio inhumano, incoherente y constante que provenía de colinas circundantes, de maquinas perversas que escupían muerte como volcanes frenéticos. Su escuela había estado casi totalmente operativa durante la guerra. Si bien la resistencia estaba integrada por muchos estudiantes, algunos hicieron malabares para permanecer operativos en las artes y las ciencias. Era la única forma de contrataque moral y protesta filosófica que no implicaba el arrebatamiento de la vida de terceros. Sarajevo, hasta hace poco, era un universo andante compuesto por croatas, serbios (no los chetniks), cristianos, musulmanes y vaya usted a saber quién más estaba allí entremezclado, pero todos tolerantes. Por un momento, los prisioneros de esa ciudad compartían nuevamente una sola nacionalidad: la supervivencia.
Si todo salía según lo planeado, en algo más que dos horas Malik rendiría sus respetos al tribunal examinador, se despediría y, como si fuere un domingo por la mañana al salir de la panadería con barras de baguette recién horneado, saldría con su diploma bajo el brazo. ¡Enhorabuena lo había logrado! Firmó el acta con su pluma —una forma de compartir el momento con su madre—, bajó las escalinatas, salió de la facultad, estrechó un par de manos conocidas y de repente una ojiva en forma de lluvia cayó en la entrada desmembrando a todo el que se cruzaba. Malik quedó muy mal herido, se había salvado por las personas a las que había saludado, quienes recibieron la peor parte y no quedó mucho.
La fecha era incierta, su cabeza temporalmente no le daba razón de quién era o en dónde estaba. La enfermera le ordenaba que se tranquilizase, que respire. Malik claramente no entendía la lengua en que le hablaban, pero sabía que estaba a salvo. Le zumbaban los oídos.
¿En dónde estoy? gritó antes de desmayarse.
Habían pasado ya dos semanas desde el ataque que casi le quita la vida. Por una jugarreta del destino su cuerpo inconsciente llegó a parar en manos de una célula de la resistencia, la misma a la que pertenecía el finado Vasili. Le dieron las primeras atenciones e inexplicablemente pasó a un campamento del UNPROFOR a las afueras de la ciudad, allí le estabilizaron. Diecisiete personas habían perdido la vida, Malik fue el único sobreviviente. Lo evacuaron a Mostar y luego de un par de días llegó a Dubrovnik. Desde allí lo escabulleron a Split y, finalmente, alguna alma virtuosa y mística le hizo cruzar el Adriático para llegar a San Marino. Manoseado y acicalado por tantos desconocidos, Malik se recuperaba lentamente. Advertía que estaba en tierras lejanas y no entendía fácilmente la lengua que allí se hablaba. Tratando de recordar qué había pasado, un frio helado le subió por la espina y le apretó el pecho. Había perdido todas las pertenencias que llevaba, entre ellas su pluma y la carta. Lo que Malik ignoraba era que la pluma de fuente había servido para sacarlo de Bosnia, de alguna forma le había salvado la vida. Aquel ser que le hizo cruzar el Adriático la conservaría. ¿Pero quién era esta persona?

-2-

Luego de haberse recuperado, Malik colaboró brevemente en el refugio. Sin conocer la lengua italiana, había tenido que ensayar gestos y una que otra palabra. Le habían advertido que no podía quedarse mucho tiempo, su permanencia no era del todo legítima. Con un par de camisetas blancas, una cantimplora militar de aluminio, una mochila de piel y un journal cosido a mano salió con rumbo desconocido. La primera parada fue en Venecia, allí trabajó un par de meses cargando bultos en las barcazas hasta que por las redadas policiales tuvo que huir. Logró reunir un poco de dinero y continuó viajando por varias semanas. Recorrió esa república extraña y pintoresca que le fue un tanto áspera ya que al final la gendarmería amablemente le dirigiría hasta la frontera helvética:
¡Un problema de documentos! ¡El de no tenerlos!
Terminó de llegar a Lugano, donde ya más familiar con el idioma y embriagado por la belleza del entorno, decidió instalarse por un tiempo. Conoció a Tulio Antonietti, un joven bandolero, con quien intimó rápidamente. Tulio era un italiano migrado a Suiza, no por voluntad propia sino por problemas con la ley. Habría querido de alguna forma reencontrarse con la parte paterna de sus orígenes ya que su padre era suizo pero no le había querido reconocer con su apellido. Su padre en realidad estaba casado con una señorona de gran familia, y su madre, una simple mucama, era la amante eternamente enamorada. Como es común en este tipo de historias, el más débil recibe el golpe de la vida, y su madre fue descartada por el gran señor. Concebido en pecado e infortunio Tulio se había formado en menesteres oscuros. Hábil para las barajas y todo lo que implique el ojo y las manos, se hizo famoso por su lengua ligera que le llevo a  tener contactos por toda la región. En su gran talento, Tulio le consiguió a Malik un trabajo secretarial y de registro en la construcción de una villa en las afueras de la ciudad. Trabajo que proporcionó los insumos básicos para no morirse de hambre.
Tulio y Malik compartieron piso, confidencias y una amistad progresiva que parecía interminable. El joven italiano habría sido el maestro de vida que Malik nunca tuvo, le inició en las artes del juego, las apuestas, las cantinas y por su puesto las mujeres. En el mundo bohemio, las posibilidades que la autoridad se cruce en tu camino son  muy altas y en más de una oportunidad Malik se había escapado de los brabucones. Es más, en una ocasión, sino fuera por el hábil Tulio ya habría sido confinado a un calabozo de indocumentados. Por fortuna Tulio, ágil en cualquier menester, lo puso en contacto con il grasso Felini, un malhechor prófugo de Sicilia y que se habría establecido —escondido— en los Alpes. Él le ayudaría a conseguir unos documentos que legitimaren su estadía.
En tierras ajenas, normalmente el corazón se vuelve frágil y añora los días pasados. Malik extrañaba su tierra, sombría y ensangrentada por la guerra pero su tierra al final: las calles, las librerías, la facultad, los quioscos de novedades… ¿la vida? Por un momento sonrió recordando los días en que iba al teatro junto a Vasili, su amigo idealista caído en combate. A veces se sentía muy culpable que nunca quiso involucrarse en la resistencia y escogió terminar el camino de las letras. Vasili, hasta el último día, le invitaría a unirse a las filas. Él escogería las letras…
El tiempo para despedirse había llegado, Malik sabía que tenía que continuar su camino. La amistad con Tulio se había consagrado a un punto que él nunca antes había experimentado. Se había configurado en él un cariño de sangre que solamente se siente en el seno familiar. Los jóvenes migrantes se habían convertido en familia, de esa que se escoge y nunca se olvida.
—¿Tienes todo lo necesario?
—Sí —respondió Malik con la voz cortada.
—Aprieta bien esos cojones que nos volveremos a ver.
—Lo sé —y sus ojos se humedecieron.
Addio amico mio  —Tulio se despedía de Malik con un abrazo tan fuerte que logró quitarle el aliento por unos segundos.
 Los dos jóvenes se decían adiós sin saber que nunca más se volverían a ver… Tulio moriría poco tiempo después, había estado enfermo y nadie lo supo. Tal vez ni él mismo.

-3-

Las terrazas descansaban bañadas por un color dorado que se entremezcla con la brisa fresca de los Alpes. En sus pies, las aguas del Lac Léman bautizaban los espíritus de quienes tenían la suerte de en ellas bañarse. Los campesinos se alistan muy temprano para la jornada diaria ya que el clima no es el único que mejora con el final del invierno y el ocaso de la primavera, los espíritus e ilusiones de familias enteras dedicadas a la vinicultura también recobraban pasión y propósito. Todo debía estar listo para los eventos de temporada, en esos donde se mide el éxito o infortunio del año. Donde más bocas profanas que paladares críticos se amontonarían en éxtasis para las degustaciones: les caves ouvertes. Eventos pintorescos pero crueles donde luego se emitirían sentencias capitales que decidirían un sin número de cosechas y destinos. Malik había transitado un largo y empedrado viaje por valles y picos helvéticos, brincando de posada en posada y de taberna en taberna pasatiempo heredado de su finado amico para temporalmente establecerse en Lausana. Allí le habrían dado empleo en una de las terrazas de viñedos: “Château Antoinette”, venida a menos en los últimos años. Por una generosa suma se encargaría de modestas tareas campestres que le ocuparían todo el día, aunque luego sería ascendido a tareas de naturaleza administrativa. Recibiría atenciones de abrigo y alimento pero su corazón se entristecería cada noche al recordar a Sarajevo, su gente y los desarrollos de la interminable guerra que aún estaba por mostrar su peor cara. Ya lejos estaban esos sentimientos de melancolía para sí mismo, ahora le preocupaba la gente que no tuvo su fortuna de salir y, que más adelante, encontraría su final bajo escombros y tierra. Tierra que en otros lugares —como en el que ahora él se encontraba— procuraban vida a hermosas uvas.

-4-

El verano ya había empezado su despliegue, la humedad provocaba que hasta los más ínfimos seres se sofoquen y busquen desesperados la frescura proporcionada por árboles y brebajes embriagantes. Todos aman la luz del día pero no todos toleran su poder sofocador porque no todos los veranos son placenteros en todas las partes del mundo.
¿Ahora en qué piensas?, indagando en sus ojos, Marie preguntó.
En mi madre y en su carta… a veces creo que puedo recordarla… está llorando y me abraza. Es casi como si en las noches también me hablara, como si en la oscuridad me susurrara poemas inentendibles.
¿Cómo puedes estar seguro? Eras solamente un bebé… puede que tu pena te aleje de la realidad. Es comprensible.
Pues… no lo sé. Puedo estar volviéndome loco tal vez, perdiendo una cordura que nunca me perteneció, pero desde que dejé Sarajevo siento que extraño a ese pasado desconocido… como antes no lo hacía.
No pienses más en eso… Mira lo que tenemos ahora… ¿No te das cuenta de lo lindo que es? Quién diría que entre estas uvas agrias te encontraría.
Tienes razón, soy un tonto… —tomó en su brazos a Marie, le levanto su cabello dorado y la besó. Ese momento de felicidad le recordaba al mismo tiempo los riesgos de perderlo todo.
No digas eso por favor… ¿vamos a nadar?
Ya sabes que no sé avergonzado respondió.
Yo te enseño, dame tu mano…
Delicadamente la besó y luego sus cuerpos, ya no tan inocentes, se desnudaron y se dirigieron a las entrañas de ese lago azulado donde sus aguas, bendecidas por la opulencia del destino, son cálidas y abrazan a cualquiera que ande perdido por el mundo. Una especie de comunión natural entre los cuerpos y el agua se formaba. Donde el amalgamiento de los sentimientos con las corrientes intensifican la armonía de esas parejas libres y desnudas que en ellas nadan. Malik y Marie se hacían uno sólo y en ese acto profano se iban todas las miserias y desgracias del pasado y presente. Nada más importaba, el lago era el escenario y ellos interpretaban esa opera milagrosa —aparentemente sin espectadores—, que con suerte un puñado de hombres en el mundo experimentarían alguna vez en su vida.

-5-

Es inaceptable lo que has hecho. Has ofendido el honor de esta familia…
¿Acaso no han bastado las maldiciones que en los últimos años nos han arruinado? 
¡Egoísta!, sin ninguna consideración a esta familia, ni a tu futuro, ‘te relacionas’ con el extranjero que no tiene familia, que no tiene orígenes y, que por lo tanto, no tiene futuro ¾palabras hirientes que salieron de una boca embarrada de manteca y vino.
¡Pero papá, debes entender… papá! ¡No he hecho nada malo! Nos amamos, eso es todo.
Esto es tu culpa Teresa, nunca la educaste bien… reaccionaria como tú, nunca le impusiste la disciplina debida La madre de Marie se limitaba a perder su mirada hacia los viñedos como evitando la vergüenza y la impotencia de la injusticia y la injuria.
Por favor Grégoire ya no más… trató de suplicar.
¡Basta! No puedes pretender que soy tu prisionera, no lo aceptaré un segundo más —Marie intervino.
Grégoire le proporcionaría una bofetada que la lanzaría por el piso y la dejaría parcialmente inconsciente.
Insolente igual que tu madre, no dejaré que mancilles el buen nombre de la familia.
—¡Hija mía¡ —Teresa gritaría y se arrojaría sobre el frágil cuerpo de Marie como protegiéndola de mayores violencias.
Grégoire llamaría a su capataz y verdugo de confianza —Anton— y le ordenaría que recoja las pertenecías de Marie y se la lleve del lugar.
—¡No esperes a mañana! llévala esta noche mismo y mañana te encargas de lo otro asunto.
Marie desapareció…

-6-

Malik se encontraba en el centro de la ciudad comprando los víveres, estaba a la expectativa de verse con Marie, le propondría matrimonio y que se escapen hacia el mediterráneo para que el vino los refresque y la felicidad los embriague. De camino a casa notó algo extraño, al parecer alguien le seguía, o al menos eso sentía. Omitió ese instinto primario de supervivencia y despreocupado continuó su camino. Al doblar la esquina de repente sintió un golpe en la cabeza que lo dejó parcialmente inconsciente; tenía flashes de que unos hombres intoxicados de odio lo golpeaban y le insultaban. Repentinamente alguien intervino poniendo fin a la unilateral pelea. ¡Lo habían salvado! No estaba consciente de lo que pasaba, simplemente podía verificar la existencia de una voz masculina un tanto familiar pero desconocida más que nada.
—¡Toma, bebe un poco de agua! Ahora estas bien, descansa.
Cuando poco a poco recobraba la visión y el sentido, borrosamente diferenció la figura humana que le había salvado. Aún un tanto tenebrosa pero bendita a la vez.
—Come esto, te sentará bien y podrás recuperarte más rápido. Ahora no pienses en nada, duerme —la extraña voz le ordenó cariñosamente.
¿Quién eres? —tratando de reincorporarse inquirió.
Hazme caso y descansa…
Malik quiso insistir pero aquello que le había dado de comer le provocó un sueño profundo y, entonces, perdería el conocimiento nuevamente.
Cuando se despertó Malik se sentía aún un poco aturdido pero físicamente su cuerpo se había recuperado mágicamente de todos los golpes recibidos.
¿Dónde estoy?
No tiene importancia eso. Lo importante es que ahora te sientes mejor para las noticias que tengo que darte.
                  Un silencio perpetuo invadió la habitación por unos cuantos incómodos segundos.
—¡Marie! ¿Qué pasó con ella? —preguntó mientras se espantaba del ambiente turbio y amarillento de la habitación en la que estaba.
—No está más en la ciudad, se la llevaron. Yo sé donde está, en un par de horas sale el último tren para Ginebra, allá la tienen. Te ayudaremos a encontrarla.
¿Quiénes la tienen, de qué me estas hablando?
Grégoire es el autor de esto, pero no me pidas más información ahora. Apúrate que debes ir por ella. Anda a Ginebra y dirígete a Rue des Eaux Vives, busca la única talabartería que hay allí y pregunta por Louis, él te ayudará. Te está esperando.
—¿Qué pasó con Marie? —ya menos confundido y más impaciente preguntó.
—A Marie la tienen retenida, la quieren sacrificar. En cualquier momento la desaparecen. Se enteraron de lo de ustedes… pero como te dije ahora no preguntes más. Te dejo algo de dinero y los billetes de tren sobre la mesa. No pierdas tiempo, ahora tengo que hacer algo, pero estaré cerca…
El extraño sujeto saldría sin más explicaciones y se esfumaría en la estela de la noche, negando cualquier posibilidad de cuestionamiento o inclusive de agradecimiento. 
Malik se incorporó tratando de asimilar lo ocurrido y a pesar de lo que el extraño sujeto le había recomendado, decidió ir cerca del Château y buscar a Marie. Se escabulló desde el lago subiendo por entre las terrazas, al llegar a un punto con algo de visibilidad solamente vio una discusión casi unilateral entre los padres de Marie. Entró a escondidas a la casa y constató que Marie no estaba más allí. Un vacío profundo le invadió el estomago, todos sus miedos y maldiciones se habían reducido a una: perder a Marie. Recogió un pañuelo que había sido dejado en el piso y se lo guardó como recuerdo de su amada.

-7-

Apenas el tren llegó a la Gare Cornavin, Malik salió desesperado y a pesar de que ya había estado varias veces en Ginebra, esa noche se sentía completamente perdido. Las calles estaban desoladas en la madrugada y titubeante empezó a correr en descenso hasta llegar al Pont du Mont Blanc, allí recuperó el aliento y por un segundo se enfrentó a una realidad antes ya vivida: la soledad. No era una soledad común y cualquiera, aquella que invade a bohemios caminantes de la madrugada, sino que era esa soledad de vida que ya le había acompañado desde sus primeros días y que poco a poco se iría desvaneciendo en los brazos de Marie.
Me han sido privados los cariños del hombre y la protección del hogar, y no me he quejado. Quién quiera que estuviere allí silenciosamente presenciando mi desgracia ¡por favor dadme la fuerza para continuar, no la puedo perder!
Recordó entonces una plegaría militar que su amico Tulio se la había enseñado en alguna de esas tantas confidencias del alma en que la guerra y la vida eran el tema central…

“Dadme mi Dios, lo que te resta
Dadme lo que jamás nadie te pide
Yo no te pido el descanso, ni la tranquilidad
Ni del alma, ni del cuerpo
Yo no te pido la riqueza, ni el éxito
Ni siquiera la salud
Todo eso te piden tanto, Señor, que ya no debes tener más
Dadme mi Dios, lo que te resta
Dadme lo que la gente rechaza
Yo quiero la inseguridad y la preocupación
Yo quiero la tormenta y la fatiga
Y que tu me las des, mi Dios, definitivamente
Que yo este seguro de siempre tenerlas
Porque no siempre tendría el coraje de pedírtelas
Dadme mi Dios lo que te resta
Dadme lo que los demás no quieren
Pero dadme también el coraje
Y la fuerza y la fe.”

Sin ser creyente ni fundamentalista porque conocía que aquel Dios de oriente u occidente era más bien un ente ausente repasó esas líneas una y otra vez hasta encontrar la fuerza y la fe requerida. Se ajustó la mochila y corrió delirante hacia la dirección indicada. En medio camino la ayuda llegaría…
Monsieur… Monsieur… regarde-moi una sombra llamó su atención.

Louis —más impaciente— esperaba a Malik, que venía con varias horas de retraso. Le entregaría el plano de una construcción subterránea en la que aparentemente Marie estaría retenida,  y le diría que no se preocupe, que allí le ayudarían.
Ne t'inquiète pas… Ils étaient toujours là…
Malík debía dirigirse en dirección a la Cathédrale Saint-Pierre a unas cuantas cuadras de allí. Louis le advirtió que le estarían esperando y, por lo tanto, debía ser cuidadoso. La desesperación era más grande que la sorpresa de la situación, todo pasaba absurdamente rápido y sin ningún sentido. Su amor con Marie y su desaparición; el encuentro de ese hombre extraño que lo había salvado; la presencia de Louis; nada de eso tenía alguna estructura lógica. Pero al mismo tiempo nada de eso ya importaba, no se imaginaba una vida sin Marie, la mujer que lo había salvado. Mientras corría por Rue du Rhône hacía la catedral, recordaba como se habían conocido el primer día que llegó al viñedo, ella lo miraría con recelo y curiosidad; y, él la miraría como la primera vez que uno se encuentra a un ángel. Ese día sin decirse nada habrían cerrado un pacto para toda la eternidad, un pacto de sangre que no necesitó ser derramada para ser sellado. No lo entendería. En siete días se habrían enamorado por completo, con una intimidad y confidencia jamás antes experimentada por los hombres de nuestro tiempo. Ella fue todo lo que él había esperado en su vida.

-8-

Marie habría crecido en un ambiente conflictivo en el que obedecer y callar era el común denominador. Teresa, su madre, era hija de una familia de abolengo, célebre en La Côte por su tradición vinícola. De fortuna y comodidad bien habidas, pero en constante crisis por los desafortunados negocios de su padre. A su mediana edad, Teresa, tuvo la infelicidad de que Grégoire se le cruzara por su vida y a diferencia de la familia de Teresa, la de él no tenía un distinguido origen pero sí poseía un aparente poder económico consolidado por el comercio marítimo en Amberes. Ambas familias habían empezado hacer negocios y un forzado parentesco entre ellas habría sido más que conveniente. Teresa cayó en los embelesos de Grégoire y quedó embarazada, el casamiento fue inevitable y así sus destinos y fortunas quedarían enlazados. Entonces Grégoire se convertiría oficialmente en el titular de sus tormentos, el que dejaría sus marcas sangrantes hasta en la vida misma de su primogénita.
Es parte del derecho natural la noción de que la descendencia de un hombre y una mujer es un acto del destino y el amor. Un evento protegido por la divinidad de la perpetuidad del nombre y de la existencia misma de la humanidad. Sin embargo, en el caso de Marie, ella nunca fue vista con ojos de cariño. Grégoire siempre la vería como un impedimento para sus planes y como una desventurada consecuencia de un movimiento de ajedrez para hacerse de la Château Antoinette y sus embriagantes bondades. Una vez vencidas las nupcias, Teresa no sería más que un adorno destinado a apolillarse en la gran casona. Al parecer todo era parte de un plan maestro para recuperar la fortuna de la familia de Grégoire y de pagar sus deudas místicas y monetarias. Todo el circulo alrededor de la vida del caudillo familiar estaría impregnado de un aire de misterio y maldad. Algunos de sus más cercanos colaboradores víctimas también sentían en él un aura siniestra y hasta a veces diabólica. Reuniones secretas a altas horas de la madrugada, amuletos y reliquias costosas hacían a cualquiera sospechar sobre la sanidad mental de Grégoire.

-9-

Todo parecía indicar que los exabruptos de Grégoire serían ilógicamente influenciados por la novísima relación sentimental de Marie con el pobre de Malik y esto habría sido el detonante de su forzada desaparición. Sin embargo, para Teresa, tan repentino ataque de celos no tenía razón de ser. Ella y la misma Marie eran conscientes que cualquier sentimiento de Grégoire no les pertenecía y, por lo tanto, cualquier exceso de machismo protector era ajeno a su normal proceder. Grégoire tenía conocimiento del romance ya por varios meses. Su fiel y único acolito de fechorías Anton sería quien informara diariamente los avances de la relación. Era muy curioso entonces que a sabiendas de la prohibida relación, Malik sería trasladado de la cosecha a las tareas administrativas y clericales. Todo esto facilitaría la consumación del amor de los dos jóvenes, ya que Marie trabajaba en la administración del Château todas las tardes.
    Perdidos los pocos escrúpulos y las formas que le quedaban, Grégoire había decidido tomar medidas para supuestamente disciplinar a la joven muchacha y, con ello, neutralizar cualquier germen de amor en la pareja. Teresa, en cambio, sabría que su esposo no era un ser malvado común y corriente, su actuar no surgiría de un machismo simple y vulgar, sino que algo habría de estar oculto. Grégoire gozaba de una maldad innata empleada siempre de la manera más superficial posible para el cumplimiento de sus objetivos. Todos quienes le conocían podían percibir algo secular y meticuloso en su actuar. Todo el tiempo siguiendo rituales y aislado en los confines de su despacho, al que nadie estaba autorizado a entrar. La suma de todas estas extravagancias serían las verdaderas causas del declive del Château. Para cumplir su aparente cometido recurrió a la ayuda de una antigua congregación que en sus años de juventud le había servido para ganar influencia y contactos a lo largo de Europa. La secta estaría conformada por un grupo de supersticiosos y morbosos industriales que no eran más que el centro de coordinación de operaciones clandestinas. La secta estaría cargada de un alto nivel de ritualidad y misticismo que les había llevado incluso a cometer crímenes atroces.
Grégoire venía no solo de enfrentar las dificultades económicas del Château sino que su relación con la secta pendía de un hilo, ya que lo tenía al margen de sus operaciones más relevantes. Incluso habrían llegado al extremo de prescindir de su colaboración en la “Teñida del Megaterio”: Un ritual esotérico de gran importancia dentro de la secta. Ritual en el que además de la satisfacción de los placeres del cuerpo y del alma, se realizaban sacrificios y ofrendas a una deidad desconocida pero adorada por todos sus miembros. Pocos desgraciados que habían podido indagar en los misterios de la secta habrían dado fe que aquella deidad no se limitaba al bien o al mal, el cielo o el infierno, sino que se adaptaba a los intereses de sus miembros. Para fortuna de la secta, nadie creería en su existencia y mucho menos las fechorías que en ella se cometerían. La teñida habría ya cobrado varias vidas cada vez que era celebrada. En una ocasión habían tomado la vida de dos jóvenes mellizos provenientes de una de las familias más influyentes de una región vecina, el crimen nunca se investigó y se lo había considerado como un simple accidente. La “Teñida del Megaterio” de aquel año estaría muy cerca y Grégoire buscaría reivindicarse con la antigua congregación.
Solamente un puñado de personas andarían tras los pasos de la secta. Un grupo que conocía su modus operandi y que había luchado contra sus injusticias por décadas.

-10-

Malik alcanzó el Rue de la Fontaine y subiendo por las escaleras empinadas llegó a la terraza contigua de la catedral, allí el hombre misterioso que lo salvó horas antes le estaría esperando.
Al fin has llegado…
Sí, me tenía que cerciorar que lo que me decías es cierto.
Está bien, ya pensaba que así lo harías. Vamos, la noche es larga y los horrores no se harán esperar. Te explicaré todo…
Guiados por los planos que Louis le había entregado a Malik, se dirigieron a una de las casas entre la terraza y la catedral. Nadie vivía allí y parecía que la casa había permanecido en ese estado ya por varios años. En su interior habría pocos muebles viejos cubiertos con mantos blancos, en el fondo habría una mesa de mármol ubicada estratégicamente para ocultar una puerta subterránea. El extraño hombre ayudó a Malik a abrir la puerta y con poca iluminación se sumergieron en las fauces de la casa lo que les dirigiría a una serie de pasajes secretos.
Malik debes saber que siempre hemos estado allí. Nunca nos fuimos de tu lado.
—No sabes lo irritante que es escuchar eso toda la noche.
—Lo sé pero déjame explicarte. Digamos que mi ayuda fue fundamental para tu evacuación de Sarajevo.
¿De qué estás hablando? —con agresividad Malik le detuvo e increpó.
—¡Escúchame bien! Tus padres nunca te abandonaron por voluntad propia. No tuvieron otra opción para salvarte. Hemos sido perseguidos ya por varias generaciones. Tu madre era mi pequeña hermana y en ti veo todas las virtudes que en ella se cultivaron. La última vez que los vi me hicieron prometer que te protegería y así lo haré hasta el último de mis días… debes entenderlo…
La conversación se había tornado pesada e inentendible. Malik tenía tanto en su cabeza que cada palabra que salía de la boca del extraño hombre lo sumergía en un estado de desesperación. Por la profundidad de las revelaciones parecía que la conversación duró semanas o inclusive meses. Malik se enteraría que aquel extraño era su tío —Ajax— hermano de su madre —Sofia— y el mejor amigo de su padre —Matisse—. Sus dos padres habían pertenecido a una organización de intelectuales y filósofos que había sido perseguida y casi aniquilada en su totalidad. Todos sus miembros y su respectiva descendencia habían sido asesinados por la secta. Esa había sido la razón de que Malik fue entregado a un orfanato: para salvarlo. Semanas después, sus padres habrían sido casados y sacrificados, sus cuerpos serían desmembrados y sus restos repartidos como escarmiento. Ajax estaba convencido de que la secta y, de alguna forma, Grégoire eran los responsable no solo de esas sino de otras muertes más.
—Esto que me dices no tiene ningún sentido… no sé que decir…
—Ahora no tienes que decir nada. Tenemos que salvar a Marie. ¡Mirá! Estamos cerca ¿ves la luz?

-11-

Grégoire había ofrecido a su propia hija en sacrificio para la satisfacción de la secta, sin que esta tuviere conocimiento de la identidad de Marie. La Teñida del Megaterio sería la ocasión perfecta para reivindicarse con la malévola organización. Anton había dejado a Marie —quien estaba sedada—  en una sala secreta ubicada muy profundo debajo de la catedral. Allí otro acólito la recibiría y la desnudaría preparándola para el ritual. La ubicaron en medio de un salón de forma ovalada con un piso de mármol de color negro y blanco formando una especie de tablero de ajedrez, cada dos metros había una estatua de una alguna bestia mitológica, detrás de ellas los miembros de la secta se sentarían en sillas de madera alargadas talladas a mano como si fueran pilares de horror y odio. Los miembros más antiguos se sentarían en las primeras filas, mientras que los jóvenes miembros ocuparían las sillas en los pisos superiores. Todos los miembros llevarían puesto una túnica y capucha de color bourgeois y un cinturón de piel negra con chapa tipo militar dorada. Solamente los miembros jerárquicamente superiores llevarían un cordón tricolor en el pecho y charreteras doradas en cada brazo. Ninguno de los rostros de esos seres oscuros podía ser visto a simple vista. Se los podía diferenciar únicamente a través de las jorobas y de otras deformaciones que por la edad —o quién sabe por qué— algunos tenían. Marie yacía desnuda en el medio del salón aún drogada vendada de ojos y bañada en aceites aromáticos, Grégoire estaba sin túnica sentado a su lado derecho. Quería exhibir su pervertida lealtad y devoción a la secta. Él mismo sería el verdugo de su hija.

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Malik y Ajax habían ingresado a la catedral por un pasaje antiguo y secreto. Al acercarse a una de la puertas de acceso al salón ovalado encontrarían un bolso con armas —obra de Louis— que les serviría para liberar a Marie y por qué no saldar algunas cuentas. Cuando se proponían ingresar por detrás del salón Anton los sorprendió colérico abalanzándose en contra de Ajax —los había estado esperando todo este tiempo— y le apuñaló en el pecho. Su muerte sería inminente. Malik trató de defenderlo pero la sorpresa fue más. Saciado con la sangre de uno, Anton atacó a Malik, le apuñaló en el muslo mientras los dos forcejeaban. Parecía que no quedaban opciones cuando de repente se oyó un disparo —el estruendo habría advertido a los miembros de la secta—, Ajax había alcanzado a recuperar un ápice de su fuerza y voluntad para salvar a Malik. Anton se desvanecería poco a poco hasta quedar inerte en el suelo. Un profundo silencio continuó la escena.
Malik recibiría una mirada cargada de cariño por parte de Ajax, se tomarían de las manos, ya no más como extraños sino como familia. Ajax le daría un puñado de consejos para lo que se venía.
—Aguanta un poco más, déjame ir por ayuda —suplicó sollozando Malik.
—No, no hay tiempo. Toma el revolver y utilízalo con quien sea necesario, no hay nadie en quien confiar en este lugar. No te olvides que siempre estuvimos para ti, tus padres te acompañan y ahora yo también lo haré.
Durante las fracciones de segundo —que parecieron horas cargadas de sabiduría— en que aconsejaba a Malik, Ajax recordaba cuando lo vio por primera vez en los brazos de su hermana, era solamente un bebé. Sofia y Matisse estaban huyendo ya por varios meses y cada vez que la secta los encontraba parecía que esa iba a ser la última. Ajax también estaba huyendo y no podía hacerse cargo de Malik. La situación era insostenible. Cuando se escondían en Sarajevo, les habían dicho que el orfanato del Distrito No.4 de sería la mejor opción para entregar al niño y así lo decidieron. Ajax recordó exactamente el día y las circunstancias, lo desolada y triste que Sofía lucía, tenía completamente roto el corazón cuando dejó al niño en el cobertizo del orfanato.
Antes de su último suspiro, Ajax le entregó la pluma de fuente y el poema a Malik. Él los había conservado cuando le evacuó fuera de esa zona infernal en que se había convertido Bosnia. Ahora debían nuevamente retornar a su dueño natural.
—No quiero que te vayas, aún hay tanto que desconozco… tanto que no entiendo de todo esto.
—Tranquilo muchacho, solo has llegado tan lejos, ni la supervisión ni mi invisible cercanía te han desviado de tu propio destino. Fui orgullosamente un espectador  de tus victorias y derrotas. Siempre estuve a tu lado…
¡Perdóname por no haberte hablado antes!
¡Perdóname por favor!
Ve al encuentro de tu destino. ¡Ve por Marie!
En contra de todos sus sentimientos y de la naturaleza humana, Ajax habría mantenido una distancia fulminante pero necesaria. Habría solamente intervenido cuando fuere necesario. Esa era la consigna y la forma más eficaz de evitar que la secta lo alcance con sus tentáculos. Ajax estuvo allí cuando de niño enfermó de ese virus grave y desconocido que el orfanato no no podía tratar… estuvo allí cuando había caído al río y se estaba ahogando, nadie lo habría socorrido… estuvo allí cuando fue evacuado de la guerra… Y ahora, en cambió él, allí yacía, cubierto de su sangre con el honor del deber cumplido, con el recuerdo de Sofía y Matisse…
Sin saber con claridad los pasos a seguir, Malik dejó a su tío, lo cubrió con su chaqueta y le limpió su boca ensangrentada con el pañuelo de Marie. Allí lo dejaría manchado de muerte. Tomó la bolsa con el revolver y se dirigió a la entrada. Ya del otro lado, el caos y los murmullos habían empezado. Los miembros de la secta, en mitad del ritual, estaban abandonando el salón ovalado. Malik disparó varias veces al tumbado para advertirles de su presencia. Hubo de los miembros más nuevos y vehementes quienes quisieron ofrecer oposición pero Malik no tendría piedad y uno a uno dispararía a quién se le cruzare; tomó la vida de algunos.
Al bajar las escaleras y llegar al centro del salón había divisado la posición desafiante de Grégoire quien lo esperaba junto al cuerpo de Marie.
—Maldecido seas tú y tu clase —iracundo escupió esas palabras.
—Déjame llevarla… no nos verás nunca más. ¡Es tu hija!
—Nadie saldrá de aquí, al menos no vivo…
Repentinamente se escuchó un estruendo muy fuerte que estremeció los cimientos del mismo recinto secular. Había sido un disparo… Grégoire cayó abatido… varios hombres entraron al salón. Louis había ingresado a la catedral por la puerta que daba al mirador, venía acompañado de sus acólitos y, a pesar de su papel neutral en estos menesteres, —a pedido de Ajax— prometió intervenir en favor de Malik si fuere necesario. Louis no era partidario ni de la secta ni de las organizaciones que la combatían. El cumplía un papel neutral en la batalla entre el oscurantismo y la razón. Era un facilitador, un intermediario que sin embargo había sido tibio ya por mucho tiempo y estaba cansado de no tomar partido, era una especie de Suiza en la repartición del mundo —¡qué irónico!—.
—¡C’est bon mon garçon… J’espere que tu es prêt… Sors de là… allez allez!
Louis y su gente cubrirían la salida. Malik la tomo entre sus brazos, la sintió un tanto inerte y fría, los efectos del sedante eran muy fuerte. Verificó si aún tenía vida. La cubrió con una de las túnicas que estaban en el suelo y, limitado por su herida en el muslo, avanzó torpemente hasta una de las entradas.  La gente de la secta no se quedaría tranquila con lo sucedido, habiendo evacuado sus miembros organizarían el contrataque. Su lugar secreto había sido descubierto y uno de sus más importantes miembros abatido, lo que no era un dato menor. Malik y Marie seguían en peligro. Louis había conseguido asegurar algunas de las entradas y salidas de la catedral. Tenían nada más que un par de minutos para salir antes que la policía —bajo control de la secta— llegué y los desaparezca como ya lo habían hecho en ocasiones anteriores, especialmente en el caso de lo mellizos. La secta tiene dentro de sus filas a gente muy influyente y poderosa; hasta el presente día permanece como una de las organizaciones más secretas y herméticas del mundo. Masones y Rosacruces son un juego de niños ricos a su lado.

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Con ayuda de Louis, los jóvenes enamorados lograron escapar de la catedral, pero la persecución sería sangrienta. La policía junto a la gente de la secta estaba completamente movilizada. Para la opinión pública —que a veces es privada— Malik era un simple migrante que habría secuestrado a Marie luego de haber asesinado a sus padres —Teresa fue encontrada sin vida—, el complot era perfecto. Los titulares pintaban que era el crimen del año: “Migrante ataca a familia que le dio acogida” La morbosidad popular se satisfacía con el titular.
Marie había recobrado la conciencia y tardó en comprender lo que había pasado. La gente de Louis hábilmente les había dirigido a una casona cerca del Mont Saleve y desde allí tendrían una extraordinaria vista de Ginebra y de su lago. Recordarían esos momentos, pocos pero significativos, en que a sus orillas disfrutarían de la vida… del vino y de la unión de sus cuerpos… tiempos que quedarían atrás… Se confesarían amor eterno.
Marie cayó rendida en el mundo de los sueños, estaba exhausta. Malik la miró por última vez. La besó en esos labios rojos e hinchados que tanto deseaba, la admiró en toda su grandeza y fragilidad. La amaba demasiado y, por esa misma razón, sabía que debía dejarla. Era inevitable. Con el escalamiento de la situación, era muy difícil que puedan estar juntos. Los tentáculos de la secta eran muy gruesos y escurridizos. No tardarían en encontrarlos y, sin la experiencia de Ajax ni el apoyo de Louis, sería para él imposible afrontar exitosamente dicha batalla. La decisión había sido tomada. Malik habló con Louis y le informó, este mostró su aquiescencia con la idea. Si él se marchaba solo tal vez tendrían alguna oportunidad de sobrevivir, especialmente Marie.
Malik tomó lo poco que poseía y salió de la casona. Sin mirar atrás donde dejaba su corazón, las lágrimas le bañaban las mejillas, el corazón se le apretaba como si la mano de Marie estaría reteniéndolo. Una vez más se configuraba ese sentimiento de desolación. Hace algún tiempo que ya había entendido que no pertenecía a ningún lugar en este mundo. Primero había sido evacuado de su país que se estaba desangrando por la guerra; luego había sido expulsado de aquel país que le habría recibido como refugiado; y, ahora, que finalmente había encontrado una patria donde la amistad y el amor le abrazaron, otra vez tenía que marcharse. Finalmente, Malik había entendido que asignarle a una pedazo de geografía el calificativo de “patria” es una estupidez de pseudo-intelectuales, los mismos que ahora estaban despedazando eso que antes se llamaba Yugoslavia y, que luego, despedazaría otras naciones bajo la misma vieja idea de nacionalismo. Patria es un concepto que explica ese mágico lugar donde el corazón está cómodo, donde uno se deja caer en las profundidades del sueño sin el terror del próximo día. Patria es donde el perro hambriento sacude la cola al ver a su amo, donde el pájaro trina en medio de la lluvia, donde las mariposas se dejan caer por última vez para el descanso eterno.
Malik era un hombre sin tierra ni raíces, sin pasado ni presente y, posiblemente, sin futuro. A pesar de que sus sentimientos eran auténticos, sus credenciales eran falsas para este mundo. Solamente en Marie, entre sus brazos, entre sus piernas y pechos, él habría encontrado su patria. Su origen y destino. Patria que nuevamente debía dejar para partir con rumbo desconocido…
 Nadie nunca más supo del paradero de Malik, algunos seres profanos que llegaron a conocer su historia cuentan que se perdió entre las aguas del Lac Léman, que inmediatamente de haber escogido un destino sin Marie, la desolación y la pena le llevaron a sumergirse en sus aguas para nunca más salir de ellas. Otros, por un lado dicen, que regreso a Sarajevo y que se unió a la resistencia donde habría caído abatido en alguno de tantos asedios. Otros, en cambio dicen, que sigue vivo… que está presente y fuertemente combativo contra esa fracción podrida de la sociedad llamada: la secta.
Nadie tenía certeza…

-14-

El sol y la briza bañaban delicadamente —como en cada verano— las terrazas a orillas del lago. En verano, la vida no solamente florece en plantas y animales, sino que las personas también salen de ese letargo típico de invierno. La gente disfruta de manjares y exquisitos brebajes; sumergen sus pies en las aguas como alivio de largas caminatas. La música invade el ambiente. Todo parece brillar nuevamente.
—Mamá ven… mamá, mamá…
—Cariño ¿qué sucede?
—¡Mira lo que encontré! ¡Qué bonito y brillante! ¿Qué es?
Marie se quedaría atónita y casi perdería la razón de la emoción y nostalgia. Todo al mismo tiempo. Se levantaría inmediatamente y miraría en todas direcciones como si estuviera buscando a alguien. Nadie estaba presente…
—Corazón esto es una pluma de fuente… sirve para escribir lindos poemas.
—¿Pero yo no se escribir? —sollozó el pequeño niño.
—Yo te enseño, dame tu mano…

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